COFRADÍAS DE SAN SALVADOR Y SAN JUAN BAUTISTA

El auge de las peregrinaciones a Santiago de Compostela propició la creación de Cofradías para ayudar a los numerosos peregrinos. La Cofradía de San Salvador tuvo la protección de los prelados pamploneses. Hacia 1165 el obispo Bibiano donó a los cofrades la iglesia de San Salvador, otorgándoles permiso para nombrar dos presbíteros que cuidaran del culto.

Su sucesor, don Pedro de París, en 1187 les regaló un solar “entre la villa y el camino de Santiago”, para que levantaran en él la casa de la asociación, de la que el obispo sería “mayordomo”, con la condición de antender a los pobres en la alberguería. Esta casa pudo alcanzarse junto a la ermita del titular o cerca del camino real de Villava.

La Cofradía de San Juan Bautista, titular de la iglesia parroquial, creó también su centro asistencial a la vera del Camino de Santiago, posiblemente cerca de la de San Salavador.

A mediados del siglo XVI conservaba un patrimonio de nueve fincas. La cofradía llegó a construir una nueva casa en la calle principal del pueblo, donde más tarde se instaló la primera escuela.

VECINDARIO VASCOPARLANTE

La toponimia, el nombre de las casas y algunos documentos evidencian que la población de Burlada empleó el vascuence como lengua coloquial hasta principios del siglo XIX.

En el siglo XVII se solicitaba al vicario don Juan de Idoy “que enseñe solamente dos palabras de la doctrina cristiana y cuatro oraciones de la iglesia en bascuence y explícitamente para que la entiendan y depredan todo, como son obligados”.

LA PESTE DE 1599

La peste llegó a Santander mediante un barco mercante procedente de Dunquerque.

En Navarra sus primeros restos se localizaron en Estella y desde allá se expandió, llegando a Burlada.

En el “Libro primero de cuentas del concejo” se cuenta como apareció la peste: “En el lugar de Burlada fue Dios servido que, a los principios del mes de septiembre, se sintió haberse contaminado la enfermedad de la peste que en las casas de la Magdalena había, por haber estado algunos hombres de la Magdalena en la villa de Puente de la Reina, donde había más de cuatro meses antes que, con grande vigor, morían de peste”.

Bajaron un médico y un cirujano para diagnosticar la enfermedad y aconsejar remedios. Cortaron las comunicaciones con el exterior, y retiraron a las familias sospechosas de enfermedad a unas chozas habitadas en el campo. Al pasar el peligro, los vecinos solicitaron la apertura de comunicaciones con Pamplona y para dar gracias a Dios, el concejo puso 24 parejas de bueyes que acarrearon la madera para la basílica que la ciudad erigió a San Roque, cerca de donde hoy está la cárcel.

APODO: “CAMPANEROS”

Los burladeses son conocidos como campaneros. Como dice el dicho:

“En Pamplona buena gente;
en Burlada, campaneros;
en Villava, calle larga,
y en Huarte, cebolleros“.